CMI sobre Cumbres del Clima y la Biodiversidad: Necesitamos más para afrontar las amenazas al planeta vivo

”Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento” (Mateo 3:8)
“Dios el Señor puso al humano en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2: 15)

Los signos de los tiempos son más obvios que nunca. Vivimos ahora en 2024 en un mundo 1,5 °C más cálido con impactos climáticos dramáticos, año que está camino de ganar el título de más cálido de la historia. Sólo en el último mes, inundaciones históricas causaron una devastación masiva en España y seis tifones consecutivos asolaron Filipinas. Una ola de incendios forestales sin precedentes en América Latina ha afectado durante 2024 a muchos países, especialmente a Brasil, que ha experimentado un aumento del 85% en los brotes de incendios en comparación con el año anterior. Las sequías persistentes en África meridional y las precipitaciones incesantes en las partes orientales del continente siguen impulsando los conflictos y la migración, así como agravando las crisis humanitarias en curso. El aumento del nivel del mar en la región del Pacífico y en otros lugares está amenazando el futuro de poblaciones enteras de Estados insulares de baja altitud. Al mismo tiempo, la proliferación de conflictos en todo el mundo está ejerciendo enormes costos ecológicos. Además, el aumento de las temperaturas mundiales está acelerando la pérdida de biodiversidad y la desertificación de la tierra, intensificando el hambre y la pérdida de medios de vida para cientos de millones de personas. Las personas y comunidades más vulnerables y marginadas, incluidos los pueblos indígenas, las mujeres, los niños, los ancianos y las personas con discapacidad, se ven desproporcionadamente amenazados por la intensificación de la crisis ambiental y sus efectos humanitarios.

Tal como reconoció la 11ª Asamblea del CMI en Karlsruhe, en este momento de crisis ambiental y moral estamos llamados al arrepentimiento y la metanoia ecológica. Junto con las iglesias miembro y los socios ecuménicos, interreligiosos, la sociedad civil y la ONU, nos proponemos una nueva forma sostenible de vivir en la única y preciosa creación de Dios. Buscamos una comunidad global justa y sostenible para esta y para todas las generaciones futuras de vida en la Tierra.

En el último trimestre de 2024 vimos coincidir las tres Conferencias en el marco de las Convenciones de Naciones Unidas que surgieron de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992: El Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

Si bien se reconoce cada vez más la crisis ambiental y climática mundial, y la urgente necesidad de una acción efectiva para abordarla, las dos conferencias mundiales sobre el cambio climático (COP29 celebrada del 11 al 22 de noviembre en Bakú, Azerbaiyán) y sobre la biodiversidad (COP16 celebrada del 21 de octubre al 2 de noviembre en Cali, Colombia); produjeron planes nacionales poco ambiciosos y fondos demasiado pequeños para la acción que se necesita con urgencia. La COP29 fue presentada como ‘la COP de la Financiación’, pero generó compromisos por 300 mil millones de dólares anuales de los países más responsables del cambio climático para 2035, en comparación con los 500 mil millones de dólares anuales necesarios para la adaptación climática y las pérdidas y daños, en los países más afectados y vulnerables que se están empobreciendo. La COP29 tampoco cumplió con la promesa de la COP28 de dejar atrás los combustibles fósiles.

Sin embargo, en estas conferencias se vio un creciente reconocimiento de los pueblos indígenas, y de las significativas contribuciones de las comunidades locales a la diversidad biológica y a la protección del clima, junto a los altos niveles de deuda que obstaculiza la acción de los países con grave déficit. La COP16 de Biodiversidad también dio una expresión concreta a la obligación de las entidades del sector privado que se benefician del uso de datos genéticos, de aportar una parte de esos beneficios para la protección de la biodiversidad, mediante el establecimiento de un fondo voluntario para este fin. Sin embargo, la connivencia de los intereses nacionales, de los combustibles fósiles y de otras empresas, ha elevado el rol de soluciones orientadas al mercado para hacer frente a los desafíos ambientales. Esto corre el riesgo de aumentar la carga de la deuda, y desviar la atención de la necesidad crítica de una profunda transformación económica arraigada en la responsabilidad moral de los contaminadores históricos. Las normas climáticas y medioambientales deben exigir rendición de cuentas a los más responsables por la calamidad ecológica. La equidad es el camino hacia la sostenibilidad.

El Consejo Mundial de Iglesias ha seguido de cerca la COP29 del Clima y la COP16 de Biodiversidad, y también estará presente en la COP16 de Lucha contra la Desertificación. En este contexto, y en este momento decisivo para las futuras generaciones de vida en la Tierra, el Comité Ejecutivo del CMI, reunido en Chipre del 20 al 26 de noviembre de 2024, pide a los gobiernos:

  • Adoptar un enfoque holístico para abordar las crisis interconectadas del clima, la diversidad biológica y la desertificación de la tierra;
  • Reforzar la Estrategia Nacional de Biodiversidad y los Planes de Acción Nacionales de Biodiversidad, así como las contribuciones determinadas a nivel nacional, para que sean proporcionales a la gravedad de la triple crisis planetaria;
  • Proporcionar recursos para la protección y restauración del clima, la biodiversidad y las tierras que se centren en las necesidades, a escala, basados en subvenciones y oportunos; y
  • Redirigir el gasto público lejos de las guerras y del complejo industrial militar, eliminar los subsidios a la industria de combustibles fósiles, trabajar para la cancelación de las deudas soberanas de los países más pobres y vulnerables al clima, aplicar impuestos progresivos sobre la riqueza y la contaminación que liberen recursos para invertir en la descarbonización, la salvaguardia de la biodiversidad y la rehabilitación de las tierras, así como mitigar las desigualdades que impiden la acción medioambiental.

El Comité Ejecutivo insta además a las iglesias miembro y a los socios ecuménicos a:

  • Desafiar y desmantelar las teologías distorsionadas por intereses políticos, económicos e ideológicos que buscan mercantilizar la vida, la tierra y la Creación de Dios;
  • Promover teologías afirmativas de la vida inspiradas en las espiritualidades de los pueblos del Pacífico e Indígenas, que reconozcan la dignidad inherente de los seres vivos, la tierra y toda la creación, y abracen la metanoia sistémica (el arrepentimiento que conduce a un cambio fundamental de corazón y vida); transformando las formas prevalentes de producción, consumo, distribución e inversión;
  • Preparar de manera concertada la COP30 sobre el clima en Belém do Pará, Brasil, para que ofrezca una oportunidad de reformular las negociaciones mundiales sobre el clima en pro del bien común, en asociación con los movimientos indígenas y de otros pueblos, y con referencia a las reflexiones y recursos de la Red Ecuménica de Pueblos Indígenas; y
  • Trabajar en pos de una unidad visible para hacer frente a la crisis medioambiental mundial, movilizando y ampliando las acciones a diferentes niveles y participando en su elaboración, impulsando y dando así vida a una Década Ecuménica de Acción por la Justicia Climática en 2025, tal como se pidió en la 11ª Asamblea del CMI en Karlsruhe en 2022.

 
Fuentes:
Texto: CMI/ Traducción IELCH
Foto: Valter Muniz/ CMI

 

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