La Pastoral Migrante construye redes en Coronel y Punta Arenas

La Pastoral Migrante construye redes en Coronel y Punta Arenas

La Pastoral Migrante de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile ha desplegado su trabajo en coordinación con los proyectos diacónicos locales de las congregaciones San Pedro de Coronel y la IELMA de Punta Arenas. Durante abril y mayo se realizaron visitas a ambas localidades reforzando la vocación inclusiva como parte integral de la misión de la Iglesia.

En el cerro Obligado del puerto de Coronel se ubica el asentamiento “Los Pirquenes”, habitado mayoritariamente por ciudadanos de origen venezolano y también por otras familias que han tenido grandes dificultades para poder acceder a una vivienda. Es la expresión local de una problemática que se ha multiplicado a nivel nacional. “Darnos cuenta de cuántas familias son cada día las que buscan terrenos eriazos para poder construir sus viviendas, nos llamó profundamente la atención. El recibimiento de la gente fue muy grato, nos recibieron muy bien, nos acogieron con mucho cariño, se alegraron porque –de alguna manera- éramos la primera iglesia que nos acercábamos a conocerles, a ofrecerles nuestro apoyo”, detalla la pastora Mariela Sufán de la Congregación San Pedro.

El trabajo con la comunidad migrante muchas veces se enfrenta al rechazo externo e interno. En este sentido, uno de los aportes de la Pastoral Migrante es reforzar con su visita el camino de apertura que realiza la congregación local, con talleres sobre “Primera Acogida, “Nueva Ley de Migraciones”, y la asesoría jurídica y psicológica personalizada.

“Desde nuestra cristología, desde nuestra visión teológica, uno de los principios fundamentales es el trabajo diacónico. A partir de eso nosotros entendemos que somos una iglesia inclusiva. Ahora somos una iglesia donde todos los días estamos recibiendo diferentes culturas, y eso nos invita a presentar a Cristo y entregar el Evangelio a nuestro prójimo. En ese sentido también existe resistencia, porque todo lo que vemos en los medios de comunicación, lo que ha surgido en el norte, lo que pasa en Santiago, toda esta ola de delincuencia, de robos, genera también en la comunidad una cierta preocupación, un cierto rechazo por estas situaciones que estamos viviendo en algunos sectores. Pero al mismo tiempo, creo que también es la posibilidad de hacer un trabajo de concientización, de apertura también, y eso fue lo que se quiso hacer y lograr en los talleres”, argumenta Sufán.

En tanto en Punta Arenas, la Congregación Iglesia Evangélica Luterana en Magallanes (IELMA) acompaña a familias de origen colombiano desde hace algún tiempo, a la par de sus proyectos de alimentación durante la pandemia, y de distribución de leña en asentamientos donde no hay acceso a gas y otros servicios básicos.

El pastor Jan Meyer, asesor de la Pastoral Migrante, realiza una evaluación positiva de la situación particular en la capital de Magallanes, aunque advierte sobre la explotación laboral que muchos de los participantes narran. “Se ve que en la cuestión legal ellos están un poco más avanzados. En el tema de migración parece que el Gobierno hace un buen trabajo, porque casi todos ya están tramitando su visa definitiva o están tramitando su RUT. Hay muchas cosas avanzadas en asuntos de documentación. Por las charlas también se ve que muchas personas son explotadas en sus labores donde trabajan, y se ve muchísima necesidad en este sentido”, precisa.

Duelo Migratorio

Uno de los talleres que realiza la Pastoral Migrante de la IELCH dice relación con el “duelo migratorio”, concepto que también viene siendo desarrollado y abordado por el trabajo de la Fundación World Vision Chile. Es quizás el aspecto menos visible del fenómeno de la movilidad humana, pero que se relaciona directamente con las políticas de acogida, integración y reunificación familiar.

“El duelo migratorio tiene que ver con la pérdida. Todo duelo tiene que ver con la pérdida. El duelo migratorio es distinto de la pérdida de un ser querido, de un trabajo, o de una separación matrimonial. El duelo migratorio tiene que ver con salir de un país y perder muchas cosas. El duelo migratorio puede llevar mucho tiempo así como también puede llevar menos tiempo, depende mucho de la persona y de los vínculos que principalmente deja en su país. Cuándo por ejemplo vienen en familia, esto es más fácil de ser trabajado porque se tiene a otras personas de la familia que están juntas y se acompañan. Pero cuando uno está solo, viene solo, es mucho más difícil trabajar este tema”, explica el pastor Meyer.

“Quisimos que la comunidad participara, para sacar todos estos imaginarios que existen y poder, a partir de la Biblia, a partir de algunos textos bíblicos que hablan de la situación migratoria –porque Jesús fue un migrante y todos nosotros de algún modo lo somos-, sacar un poco todos estos estigmas para que la comunidad también se abra a esta nueva forma de ser y de hacer iglesia”, expresa la pastora Sufán.

 

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