Declaraciones Finales de la 11ª Asamblea del CMI: La paz y la guerra y un llamado a actuar juntos

Declaraciones Finales de la 11ª Asamblea del CMI: La paz y la guerra y un llamado a actuar juntos

La 11ª Asamblea del CMI celebrada en Karlsruhe (Alemania) entre el 31 de agosto y el 8 de septiembre publicó la declaración: “Lo que conduce a la paz: llevar al mundo a la reconciliación y la unidad”.

En ella “afirma enérgicamente el compromiso del CMI y sus iglesias miembros con la construcción de la paz mediante el diálogo y la cooperación interreligiosos a todos los niveles”, y llama a un cese al fuego a nivel mundial en todos los conflictos armados del mundo.

La misiva admite que vivimos en un momento de nueva intensificación de la polarización mundial, reconfiguración de la gobernanza y las alineaciones geopolíticas, división y militarización, entre otras preocupaciones. Todas estas cuestiones contribuyen a “la instrumentalización del lenguaje, la autoridad y el liderazgo religiosos para justificar, apoyar o ‘bendecir’ la agresión armada o cualquier tipo de violencia y opresión”.

Asamblea condena invasión de Ucrania y renueva sus llamados a un alto el fuego

Por su parte, en la declaración «Guerra en Ucrania, paz y justicia en la región europea», la Asamblea califica la invasión rusa de Ucrania de “ilegal e injustificable” y renueva en específico el llamado al alto el fuego.

“Apelamos a todas las partes en el conflicto para que respeten los principios del derecho internacional humanitario, especialmente los relativos a la protección de la población civil y de las infraestructuras civiles, y para que den un trato humano a los prisioneros de guerra”, dice la declaración.

La carta afirma con rotundidad que la guerra es incompatible con la naturaleza misma de Dios. “Instamos a todas las partes a retirarse y abstenerse de llevar a cabo acciones militares en las inmediaciones de la central nuclear de Zaporiyia y en otros lugares similares que puedan suponer una amenaza inimaginable para las generaciones actuales y futuras”, reclama el texto.

“Nos sumamos a la oración por todas las víctimas de este trágico conflicto, en Ucrania, en la región y en todo el mundo, para que cese su sufrimiento, obtengan consuelo y recuperen sus vidas con seguridad y dignidad, y les aseguramos que cuentan con el amor y la simpatía de la comunidad de iglesias del CMI”.

“Los esfuerzos de recuperación de la posguerra serán arduos y prolongados, y tendrán enormes costes humanitarios, financieros y ecológicos”, asegura la declaración. “Las iglesias están llamadas a desempeñar un papel clave en la sanación de las memorias, la reconciliación y la atención diaconal”.

Mensaje: “Un llamado a actuar juntos”

Los delegados y delegadas de la 11ª Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias expresaron que, frente a la guerra, la desigualdad y los pecados contra la creación, el amor de Cristo nos llama a todos al arrepentimiento, la reconciliación y la justicia.

“Encontraremos la fuerza de actuar desde una unidad que tiene su fundamento en el amor de Cristo, que es nuestra fuerza, pues nos permite aprender qué es lo que conduce a la paz, transformar la división en reconciliación y trabajar por la sanación de nuestro planeta vivo”.

En su mensaje, los participantes advirtieron sobre las manifestaciones actuales de las fuerzas del sufrimiento humano que actúan en el mundo —la guerra, la muerte, la enfermedad y el hambre— descritas en el libro bíblico del Apocalipsis.

“[Estas fuerzas] dejan a su paso una estela de injusticia y discriminación en contextos en los que quienes tienen el poder a menudo lo utilizan para oprimir a otras personas en lugar de para fomentar la inclusión, la justicia y la paz”, reza el documento.

Asimismo, el manifiesto alerta de desastres que se derivan directamente de una relación irresponsable y quebrantada con la creación que ha conducido a injusticias y catástrofes ecológicas. “Conforme se acelera la emergencia climática, aumenta también el sufrimiento que experimentan las personas pobres y marginadas”, continúa la misiva.

Haciendo referencia al tema de la Asamblea, los delegados y delegadas afirmaron que el amor de Cristo, “en respuesta al clamor de los que sufren, nos interpela a acudir a Él en solidaridad, y a responder y actuar en favor de la justicia”. Y prosiguieron diciendo: “Estamos llamados a reconciliarnos en el amor de Dios y a dar testimonio del amor revelado en Cristo”.

No obstante, los cristianos, y las estructuras que han establecido, también han sido cómplices del abuso de otras personas, y deben arrepentirse y unirse al movimiento de reconciliación, señalaron.

Asimismo, en su mensaje, los delegados y delegadas unieron sus voces a las de la Asamblea de Ámsterdam (1948) para afirmar que “la guerra es contraria a la voluntad de Dios”, y a las de la Asamblea de Nairobi (1975) para decir que “el racismo es un pecado contra Dios”, lamentando tener que repetir estas declaraciones.

“Sin embargo, hemos proseguido nuestra peregrinación juntos como Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en un espíritu de anticipación y esperanza, e incluso de alegría, porque, por el poder del Espíritu Santo, la invitación de Cristo sigue estando abierta a todas las personas y, de hecho, a toda la creación”, observaron.

“En nuestra Asamblea, hemos empleado muchas palabras, pero, a partir de ellas, hemos formulado una nueva resolución. Ahora, pedimos la ayuda de Dios para transformar nuestros compromisos en acción”. “El amor de Cristo nos sostendrá a todos en la tarea de acoger a los demás y superar la exclusión”, dijeron.

Los delegados y delegadas agregaron que anhelaban un movimiento más amplio, la reconciliación y la unidad de toda la humanidad y, de hecho, de todo el cosmos. “Se trataría de una unidad en la que Dios nos traería justicia y nos pondría a todos en pie de igualdad, y a través de la cual se puede renovar y fortalecer la creación”, afirmaron.

Finalmente se comprometieron a trabajar con todas las personas de buena voluntad invitándolas a unirse en una peregrinación. “Porque, en Cristo, todas las cosas son hechas nuevas. Su amor, que está abierto a todos —incluidos los últimos, los más pequeños y los que se hayan perdido— y que se ofrece a todos, puede impulsarnos y empoderarnos en una peregrinación de justicia, reconciliación y unidad”.

Fuente: Consejo Mundial de Iglesias

 

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