Lectura: Juan 2,13-16

(13) Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén (14) y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. (15) Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas (16) y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio».

Queridas hermanas y Queridos hermanos

Jesús quería iniciar su tarea, su misión desde el Templo como seguramente muchos judíos lo hacían, “encomendarse” con el Padre. Pero en ese lugar estaba el “despelote”, indigno para lo que quería, lleno de personajes indignos. Propio también de las injusticias sociales en nuestro país, de la desigualdad, del no ponerse en el lugar del otro que sigue sufriendo sin ser escuchado. Es la misma santa ira que gran parte de nuestra sociedad ha manifestado, la que nos trae Jesús en esta Palabra, porque hemos desnaturalizado la Creación. En la medida que es obra de Dios, es Su Casa, es Su Templo. Y, no lo estamos usando para esa cercanía con el Padre, lo estamos desnaturalizando, convirtiendo en escenario de nuestras mezquindades. Te agradecemos Señor por seguir alentándonos y dándonos las energías para contribuir en disminuir las injusticias, las desigualdades.

Pedro Heinz / Oriana Ojeda
Congregación La Paz