Upcoming event
00
días
00
horas
00
mins
00
secs
  • on octubre 24, 2016

Carta pastoral: Llamados/as a ser una iglesia acogedora e inclusiva

“fui extranjero y me acogiste” (Mateo 25:35)

Ser parte, ser miembro de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile significa identificarse y aceptar los principios fundamentales que nuestra iglesia sustenta y uno de esos principios es la vocación profética. Como iglesia proclamamos la gracia, justicia y misericordia de Dios para toda la creación, denunciando lo que atente contra su dignidad y anunciando la esperanza del Reino de Dios.
La fe en Jesucristo nos interpela siempre a discernir sobre el contexto en que somos llamados/as a ser iglesia, y desde ese discernimiento, denunciar todo lo que atenta contra la dignidad y la vida de la creación de Dios. En la cruz de Cristo, Dios muestra su acción de amor y solidaridad (1 Corintios 1:18-25) con una humanidad sufriente. La acción salvífica de Dios en la cruz nos revela el gran amor y aprecio de Dios por la vida de cada ser humano, en especial por aquellos/as que son crucificados/as por estructuras y sistemas injustos y que obligan a miles de personas a vivir vidas vulnerables.
En conmemoración de los 500 años de la Reforma, afirmamos y proclamamos que somos “Libres por la gracia de Dios”, que la Salvación no se vende, que el Ser Humano no se vende y que la Creación no se vende. A la luz de estas afirmaciones teológicas y en camino a la conmemoración de los 500 años de la Reforma Protestante, la IELCH se siente llamada a revisar su razón de ser en la sociedad y a re-encantarse con su misión de “Vivir y Proclamar el amor de Dios en Jesucristo a toda persona, pueblo y cultura en Chile”(Definición actualizada de la Misión de la IELCH-Conferencia Pastoral-30/09/2016).
Cabe mencionar que Martín Lutero señaló que “el cristiano no vive en sí mismo, sino en Cristo y en el prójimo; en Cristo por la fe, en el prójimo por el amor. Por la fe sale el cristiano de sí mismo y va a Dios, de Dios desciende el cristiano al prójimo por el amor.
Pero siempre permanece en Dios y en el amor” (Obras de Martin Lutero. Tomo I. “La Libertad Cristiana”).
La respuesta de nuestra fe es el cuidado y el amor con nuestro prójimo y con toda la creación. Obviamente, en una sociedad globalizada, individualista y solidaria virtualmente, este valor cristiano corre el riesgo de desaparecer de nuestra práctica de fe. La iglesia de Cristo fue, es y será siempre contracorriente en algunas de sus prácticas. En distintos espacios tanto a nivel local como nacional, una y otra vez ha surgido en nuestras conversaciones la pregunta: ¿Qué iglesia queremos ser? La respuesta ha sido: “una iglesia acogedora e inclusiva”. Teniendo en cuenta este sueño nuestro, les invito como miembros de la IELCH a hacer carne este sentir, a examinar y a reflexionar en los distintos espacios comunitarios sobre la complejidad de los procesos migratorios en nuestro país. ¿Cómo están viviendo nuestros hermanos/as migrantes en nuestro país?
En los últimos años han llegado a nuestro país más de 500.000 migrantes. Hermanos/as de diferentes países (Perú, Bolivia, Haití, Colombia, República Dominicana, Venezuela…) que por diferentes razones se han tenido que desplazar y cruzar las fronteras internacionales en búsqueda de una vida más digna. Después de cruzar los límites fronterizos, deben cruzar las fronteras de nuestra cultura, fronteras de la discriminación y de la segregación, fronteras que tienen raíces profundas en nuestras relaciones como sociedad.
La situación de los/as migrantes en Chile es de mucha vulnerabilidad, viven en condiciones precarias, hacinados en viviendas que no cumplen las condiciones mínimas para habitarlas, reciben mal trato laboral, sueldos inferiores de los chilenos/as, son discriminados por su color en los diferentes espacios: los consultorios, escuelas, centros comerciales, iglesias… Es muy común y hasta normal que las mujeres migrantes sufran acoso de todo tipo. Sospechamos que muchas mujeres migrantes terminan en el trabajo sexual y son incluso víctimas de la trata de personas. Muchos/as migrantes llegaron a Chile con la ilusión de una vida más digna, sin embargo, tratan de sobrevivir aquí, un lugar en donde, muchas veces, sus vidas tiene el valor que el mercado fija.
El ser humano no se vende: el Evangelio nos dice que Dios ama al ser humano sin hacer distinciones, y que quiere una vida en abundancia para todos/as (Juan 10:10), y que la creación y todos sus recursos nos fueron dados a todos y todas de manera gratuita por Dios.
Por todo lo anterior, debería ser evidente nuestro acompañamiento y acogida con los/as migrantes. Es de responsabilidad nuestra como iglesia: defender la dignidad de cada ser humano, denunciar que el ser humano no se vende y afirmar que todo ser humano es imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, debemos reconocer ante Dios que nuestro compromiso ha sido débil, que no hemos sido del todo fieles al mandato evangélico de defender y velar por la dignidad de cada ser humano. Hemos sido muchas veces indiferentes frente la situación de nuestros/as hermanos/as migrantes y no hemos visto el rostro de Dios en sus rostros.
No podemos seguir aceptando esta situación. No podemos seguir siendo indiferentes. Somos llamados/as a oponernos a esta cruda realidad que viven nuestros hermanos/as migrantes, y a dar testimonio de la gracia, el amor y la compasión en Cristo Jesús, transformando esta realidad que atenta contra la voluntad de Dios a través de la acogida y la inclusión en nuestras comunidades, congregaciones y proyectos diacónicos.
Dios nos regala en su gracia la posibilidad de construir una sociedad y una iglesia multicultural, que vive y celebra la diversidad como un don de Dios. El Espíritu de Dios nos mueve a servir, a escuchar el clamor de nuestros hermanos/as migrantes que son los/as vecinos/as de nuestras congregaciones, comunidades y proyectos diacónicos.
En ocasión de cumplirse un año más (524 años) de la llegada de las culturas europeas a América Latina, no olvidemos que una gran mayoría de nosotros/as, excepto los pueblos originarios de Latinoamérica, somos descendientes de quienes también en algún momento fueron migrantes en estas tierras.
Hacemos hoy memoria de nuestra propia historia, recordando que muchos de nuestros antepasados fueron también migrantes que llegaron a América Latina durante distintos pulsos migratorios, tal como el que provocó la Segunda Guerra Mundial, que obligó el desplazamiento de hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas, para huir del hambre y de la pobreza, y buscar en América Latina una vida más digna.
Hermanos/as, nuestra dignidad es también la dignidad de cada ser humano. Somos interpelados por el Evangelio a reconocernos y aceptarnos como hijos e hijas de Dios. Nuestra razón de ser como iglesia es anunciar la cercanía del Reino de Dios tal como lo hizo Jesús. La expresión visible de la cercanía del Reino de Dios es la búsqueda de la renovación de toda la creación para que podamos vivir un nuevo orden fundamentado en la justicia, el amor, la paz y la vida plena.
A través de esta carta pastoral, les invito a un nuevo tiempo y a una nueva manera de relacionarnos con las personas migrantes, a abrir las puertas de nuestras congregaciones, comunidades y proyectos diacónicos, y a acoger e incluir a las personas migrantes, sus familias y su cultura en nuestros diferentes espacios. Les animo a hacer estudios bíblicos y reflexiones comunitarias que nos ayuden a acoger, respetar e incluir a los/as migrantes y a su identidad particular.
Esperamos y tenemos la esperanza que juntos/as vamos poder caminar el largo camino que nos queda recorrer como iglesia en el cuidado y amor a nuestro prójimo migrante. Rogamos al Espíritu de Dios que sople su sabiduría y abra nuevos espacios de inclusión en nuestra iglesia para que seamos un testimonio vivo de esperanza que proclama en palabra y hecho que es posible el encuentro y la convivencia fraterna y respetuosa entre distintas culturas, que es posible crear un Mundo Nuevo.
En la gracia de Dios que renueva toda la creación.

Pastora Izani Bruch Obispa de la IELCH

Santiago, 12 de octubre de 2016.

Skin Color
Layout Options
Layout patterns
Boxed layout images
header topbar
Si No
header color
header position