CARTA PASTORAL FRENTE EL ESTADO DE EMERGENCIA EN SANTIAGO

CARTA PASTORAL FRENTE EL ESTADO DE EMERGENCIA EN SANTIAGO

“La justicia producirá paz, tranquilidad y confianza para siempre”.

                                                                                                                          Isaías 32: 17

Queridos hermanos, queridas hermanas

Gracia y paz de nuestro Señor Jesucristo sea con nosotros y nosotras en este día en que amanecimos con mucha preocupación por el estado de emergencia y con los militares en la calles de Santiago, luego de las protestas por el alza del pasaje del sistema de locomoción pública, lo que luego derivó en disturbios y violencia desmedida por parte de carabineros y manifestantes.

Vivimos en una sociedad de fragmentación y polarización, con una economía neoliberal de mercado que pone como prioridad el crecimiento económico y transforma todo en producción y consumo de bienes. Este sistema impulsa valores que destruye la vida de la creación y daña profundamente la dignidad humana. En una sociedad como la chilena con una economía de mercado neoliberal se promueve la competencia y la supervivencia de las personas más “aptas “ y aumenta la desigualdad social, raíz de todo lo sucedido.

Las protestas iniciadas por los y las estudiantes a través del llamado a la evasión masiva del metro que fueron creciendo y terminó con la jornada de protesta y disturbios en la noche de ayer, no es solo una protesta por el alza del transporte público, es la protesta de un pueblo cansado e indignado frente a tantos abusos.

Repudiamos cualquier acto de violencia y vandalismo. Pero no nos dejemos engañar tan fácilmente por los medios de comunicación, lo vivido a noche en Santiago es la respuesta a la violencia estructural que se vive en el país, es fruto de un sistema de injusticias.

Así como rechazamos los actos de vandalismos, condenamos también a un sistema de economía que en nombre de la producción y crecimiento  económico tiene a la clase trabajadora con bajos salarios, donde 12.000 personas mueren al año por falta de atención médica, donde los precios de los medicamentos hace imposible dar seguimientos a los tratamientos de salud, donde familias tienen sus viviendas hipotecadas para pagar la educación de sus hijos e hijas, donde las personas están pagando su  alimentación  con las tarjetas de créditos porque no les alcanza para comer, donde las personas adultas mayores están en situación de pobreza por sus miserables pensiones, y que ahora corren el riesgo de perder incluso sus casas por no poder pagar el impuesto de sus viviendas. El aumento de los campamentos en todo el país por políticas públicas de viviendas inapropiadas, la privatización del derecho al agua y el deterioro del medio ambiente,  entre tantos otros factores, llevan a la desesperación desesperanza de la población.

Estamos en una sociedad cansada, indignada y endeudada. Lo que vimos y vivimos anoche en Santiago fue la manifestación de una inconformidad y rabia silenciosa que estaba contenida en los sectores más pobres y vulnerables de nuestra sociedad. Y esta manifestación no se calla con represión por parte del estado. Es lamentable que el gobierno no tenga la capacidad y buena voluntad para darse cuenta que nuestro país no es el oasis de América Latina como ha declarado el Presidente, sino un país con tremendas desigualdades sociales.

Como señala el versículo bíblico de Isaías, la paz es fruto de la justicia. No necesitamos de militares en las calles, no necesitamos estado de emergencia, necesitamos de un nuevo orden social con estructuras más justas, equitativas y participativas. En medio de las complejidades que vivimos como sociedad, hacemos un llamado al gobierno a promover políticas públicas que permiten el acceso equitativo a los bienes comunes. Comprendemos y sostenemos que el camino no es la represión y la criminalización de las legítimas protestas, sino la promoción de un sistema de mayor bienestar que promueva el cuidado de la vida y de la creación, un sistema que nos permita tener y vivir con lo suficiente.

En la esperanza que el Evangelio que predicamos y confesamos nos aporte una visión clara de la transformación de las estructuras de opresión y de violencia, reafirmamos nuestro compromiso en participar y promover una sociedad que tenga como instancias comunitarias y sociales,  y políticas públicas que fundamentalmente promuevan la justicia, la paz, la equidad, la reconciliación y el bien común en nuestro país.

Pastora Izani Bruch,
Obispa
Iglesia Evangélica Luterana en Chile-IELCH

 

Santiago, octubre 19 de 2019

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