Reflexión para la inauguración del Centro Helmut Frenz: Celebración de la pascua del pastor Helmut Frenz a 5 años de su fallecimiento

Reflexión para la inauguración del Centro Helmut Frenz: Celebración de la pascua del pastor Helmut Frenz a 5 años de su fallecimiento

“Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles diciendo: Dichosos los que reconocen su pobreza espiritual, porque suyo es el reino de los cielos. Dichosos los que sufren, porque serán consolados.  Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos. Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos. Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos. Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos. Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras”. Mateo: 1-11

Queridos amigos, amigas, compañeros y compañeros de caminos en la búsqueda de verdad, justicia y paz.

Es una alegría para la Iglesia Evangélica Luterana en Chile estar aquí con ustedes hoy recordando/celebrando la vida de quién fuera uno de nuestros pastores e inaugurar esta casa, que quiere ser una casa de promoción y educación en derechos humanos.

Ambas razones que hoy nos convocan aquí son para nosotros/as signos de esperanza. Recordar personas como Pastor Helmut Frenz, es recordar también un momento oscuro de nuestra historia como país, un momento de odio, de violencia, de tortura  y de muerte.Recordar hoy a Frenz es seguir preguntándonos e indignándonos por lo que hoy ocurre en nuestro país y mundo. Es volver a pasar por nuestro corazón, en especial por el corazón de nosotros/as que somos parte de esta iglesia que acompañó la labor profética del Pastor Frenz, que la iglesia no puede ser neutral, que la iglesia no puede ser indiferente frente la violación de los derechos humanos. Es el rol de la iglesia defender y trabajar por el respeto a la vida de cada ser humano, y de su dignidad.

Hoy al recordar al Pastor Frenz, recordamos también a tantos hombres y mujeres que se mantuvieron en el horizonte de las luchas y de la resistencia frente a la dictadura militar de Pinochet que dispersó, persiguió, torturó y mató a tantos hermanos y hermanas nuestras.

El Pastor Frenz como muchos/as fue perseguido por trabajar por la justicia y la paz. Y este es su gran testimonio de fe que nos deja, testimonio que es signo de esperanza para seguir construyendo esperanza y resistencia frente a sistemas de odio, violencia y muerte.

En un contexto de ausencia de proyectos e utopías, marcado por la desconfianza en la convivencia. En un contexto donde pareciera que nuestras experiencias de vidas están marcadas por lo económico  y por la desesperanza. Donde las relaciones económicas, políticas, socio-culturales cada vez están más complejas. Vivimos en una sociedad y en mundo fragmentado, de creciente violencia. Vivimos tiempo de incertezas con carencia de propuestas y alternativas que merezcan fe, propuestas y alternativas que despierten en nosotros/as la esperanza.

Y en este contexto, hoy recordamos el testimonio y la lucha del Pastor Frenz por la justicia y paz, de este hombre y pastor que sabía que ser cristiano no es otra cosa que apostar y vivir la vida siguiendo los pasos de Jesús de  Nazaret, que fue crucificado por luchar por la vida y resistir a un sistema opresor. Vivir como este Cristo, tiene sus consecuencias. El Pastor Frenz como tantos/as otros/as vivieron en carne propia estas consecuencias.

Hoy estamos aquí para reafirmar nuestro compromiso con este testimonio y con la defensa de los derechos humanos. Desde la profunda convicción de que la iglesia no debe ser neutral, no debe ser indiferente, no debe acomodarse al tiempo presente, queremos reconstruir esperanza, dejarnos guiar por el Espíritu de Dios, por su soplo de vida para seguir luchando por la vida, por la justicia y paz en nuestro país.

Junto con inaugurar esta casa, somos desafiados/as a imaginar/soñar juntos/as de manera creativa respuestas para nuestras organizaciones sociales y eclesiales, respuestas que nos permitan responder a los desafíos actuales, y sobre todo dar razón de nuestra esperanza como cristianos/as. Hay que volver a instalar la utopía, la esperanza que es posible  nuevos caminos para nuestras vidas y nuestra sociedad.

Es nuestro desafío en especial como cristianos/as  instalar la esperanza, pues la esperanza cristiana se nutre de la conciencia y de la memoria permanente de que Dios existe, y sigue actuando y salvando hoy su pueblo de la opresión. La razón de nuestra esperanza, esperanza que tuvo también el Pastor Frenz es que el propio Dios que llama los muertos a la vida y haz nuevas todas las cosas camina también con nosotros/as apoyándonos en nuestro servicio profético.

Y desde esta esperanza, estamos llamados/as a no ser neutrales, a resistir. El Pastor Frenz nos dejó un testimonio de resistencia. Y su resistencia se manifestó en su buena voluntad de defender los derechos humanos y asumir las consecuencias de esta opción y decisión. Opción y decisión que significó no poder ingresar a Chile y la división de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile.

La resistencia sigue siendo fundamental para nuestro caminar hacia una sociedad de justicia y paz, una sociedad donde el respeto de los derechos humanos sea una práctica de vida.  La resistencia tiene que ver con el aprender a valorizar lo micro, lo cotidiano, lo pequeño. Pequeños espacios de esperanza y resistencia nos pueden ayudar a recrear y articular nuevos caminos.

En este sentido, es nuestro deseo que esta casa sea este pequeño espacio de esperanza y resistencia en la promoción e educación en derechos humanos, pero en especial que sea el espacio dónde se haga carne el respeto por los derechos humanos, que sea más que una oficina, que sea un espacio de vida, de esperanza, de búsqueda de verdad, justicia, paz y reconciliación.

Queridos hermanos y queridas hermanas, bienaventurados/bienaventuradas ustedes que no se cansan de  trabajar por la verdad,   la justicia,  paz y reconciliación.  Que el Dios de la vida siga soplando su aliento de vida en nuestras vidas para que podamos siempre de nuevo reafirmar el compromiso con la defensa de los derechos humanos y la dignidad de todo ser humano en nuestro país y mundo.  Que así sea.

 

Pastora Izani Bruch

Obispa de la IELCH.